La nueva exposición de Fernando Navarro en el Museo Juan Cabré es una muestra necesariamente reducida, por motivos de espacio, pero muy representativa de dos de las disciplinas practicadas por el artista de manera más extensa, diversa y fructífera a lo largo de su muy dilatada trayectoria: la escultura y el collage.
Aunque se le identifique sobre todo por su obra escultórica, mucho más expuesta durante las cinco últimas décadas y presente como obra pública en distintas localidades aragonesas, incluida Calaceite, en esta ocasión se presta especial atención a la faceta de Navarro como excelente, imaginativo y muy prolífico collagista.
Las veintinueve obras expuestas están realizadas en este primer cuarto de siglo (salvo la escultura Red and black, 1981, que sirve de enlace con etapas anteriores) y demuestran a la perfección hasta qué punto la creatividad, la maestría técnica, el personalísimo lenguaje plástico, la originalidad argumental características de toda la producción de Fernando Navarro siguen plenamente vigentes en la actualidad.
En el caso de los collages, se ofrecen dos terceras partes de su serie Dünner karton, realizados en 2018 sobre papel y mediante cartulinas (de colores intensos y profundamente cálidos, fecundados también con algunas gamas frías) fragmentadas y compuestas con tanto rigor constructivo como dinamismo formal, y en los que la geometría de planos y volúmenes comparte espacios con números y letras de carácter industrial, señalando genealogías y tangentes formales, cromáticas e incluso estructurales con la escultura del artífice, y abundantes referencias a movimientos culturales y tendencias artísticas especialmente gratas para él y muy presentes en el sustrato ideológico de toda su obra.
Las esculturas pertenecen a la más reciente etapa de sus propuestas tridimensionales, en las que predominan las estructuras verticales y ascendentes, están como siempre resueltas con fragmentos perfectamente diseñados sobre chapa de acero, construidas a veces en sorprendente pero sólido equilibrio mediante tornillos pasadores y esmaltadas con los personalísimos, siempre vivos e inconfundibles colores Navarro. Es destacable el hecho de que se muestre por primera vez el díptico mural en chapa de aluminio ¿Existió Malevich?, 2025, creado por el artista hace solo unos meses para formar parte de esta exposición.
Fernando Navarro comprendió muy pronto que las aproximaciones y el ase-dio a la realidad solo son posibles a través de la persistente pero muy selectiva combinatoria de sus múltiples e inagotables fragmentos, y siempre ha trabajado con esa decisiva convicción, como bien pone de manifiesto el conjunto de su obra en los campos de la fotografía, la pintura, la escultura, el collage (e incluso la poesía, nueva y arriesgada incursión creativa con la que muy pronto nos sorprenderá), y confirma otra vez en esta breve cuanto significativa selección de collages y esculturas que mostrará el Museo Juan Cabré durante lo que resta de año y hasta enero del próximo.
Fernando Navarro
Fernando Navarro Catalán (Andorra –Teruel–, 1944) es una de las más interesantes personalidades del arte aragonés en el último cuarto del siglo XX y el primero del actual, tanto por la singularidad de sus propuestas como por el polifacético y versátil carácter de las mismas, dada su dedicación a la escultura, la fotografía, la pintura, el collage, aunque sobre todo ello prime de manera clara su condición de escultor.
Más expresionista y matérico en sus comienzos (algo dadá e incluso surrealista en ocasiones), pronto se consolidó en una línea de trabajo de tendencia geo-métrica y firme voluntad constructivista, no muy lejos de ciertos rasgos del arte minimal, pero con planteamientos más lúdicos, a lo que contribuye decisivamente la utilización de una muy reducida carta de colores planos que caracterizan inconfundiblemente su escultura, generalmente realizada con chapas metálicas y otros manufacturados de naturaleza industrial.
En 1975 formó, con Luis Alberto Pomarón y Antonio de la Iglesia, el Equipo LT (abreviando la cabecera de la nonata revista La Lorenza en el Tejado) y desde esas mismas fechas ha realizado treinta y cinco exposiciones individuales y ha participado en más de ciento cincuenta colectivas, al tiempo que obtenía, entre otros, los premios de escultura San Jorge en 1983 e Isabel de Portugal en 1988, mientras sus obras de carácter monumental se instalaban en Zaragoza, Agüero, Sabiñánigo, Cuarte de Huerva, Alcañiz, Calaceite.


